Don Carlos, es el paradigma de la ambición. Hace muchos años, le conociste y coincidisteis antes de que lo intentara en el Ayuntamiento de una población emergente cerca de Barcelona y no lo consiguiera por poco.
Hay, estos hábitos que no puedes derrotar
Ante este teclado que es de un portátil que se sitúa encima de una mesa que puede llamarse de despacho, hay una lista de teléfonos desde hace tiempo. En esta lista hay unos cuantos teléfonos elementales, nada más. Ósea, en dicha lista hay aquellos números de teléfono que tú, al menos, te sabes de memoria. Dicha lista la hiciste tu misma, hace años y, seguramente, no la hiciste para ti. Debiste hacerla un día que tenías que ausentarte y pensaste que podía hacer falta algún despistado en tu ausencia. (Emergencias; mossos; bomberos; familiares próximos) Hay otra igual pegada a un imán que se adhiere a la nevera. La cuestión, es que esta lista que se mantiene gracias a una criatura de pinza fijada a una bolsa de suave estera colgada en la pared pintada de azul oscuro, nunca la consulta nadie. Los teléfonos que te hacen falta a menudo, no están. Están, siempre, donde no es fácil dar con ellos: en un papel que se ha extraviado, en una agenda demasiado escondida, en otra incompleta, en el móvil al que cuando precisas consultar está sin batería; en el apartado imperceptible para fisgones de un foro que visitas alguna vez; en algún correo electrónico; etc. Lo que quieres decir, es que tienes la manía de hacer listas de las cosas que no necesitas y las que necesitas, las confías a tu paciencia, tiempo y astucia. Mal hecho. Siempre que requieres de un número de teléfono, tardas en encontrarlo porque no está en esta lista que mora desde hace años ante tu vista. Pero, dicha lista, te duele descolgarla. Te has acostumbrado a ella aunque sea inútil. Forma parte de un paisaje conocido en que hay cosas que utilizas y cosas que solo están por si alguna vez, son necesarias. Todas ellas, distribuidas según tu criterio y según el espacio disponible. Es, podrías añadir, un espacio reservado a tu juicio en el que nadie toca nada y cuando lo hace deja evidencia. Lo has imaginado distinto muchas veces; mas intimo, más sobrio, más ordenado y aun más personal, pero, sigue siendo a pesar de lo que podría ser y no es, tu comarca. Es, tu manía, la de afirmar tu tranquilidad cuando no puedes asegurarla personalmente. Es, la manía de proteger lo que queda desamparado a pesar de comprender que no es de tu jurisprudencia muchas veces, protegerlo. Es, el vicio de ligar todo lo atable y dejar las sorpresas minimizadas al máximo. Si dicha conducta, hubiera sido enfocada a las cosas que te hacen falta solo a ti, hubieras avanzado más. Hay, una pequeña y vieja pinza de tender que se aferra a cosas inservibles. Hay, estos hábitos que no podemos derrotar. Hay, una zona franca y una zona interceptada. Hay, lo que nos permite sobrevolar y lo que nos mantiene en la superficie. Hay la costumbre de salvaguardar todo aquello que podría resguardarse por sí mismo y la de abandonar a la suerte, la filosofía o la memoria, todo aquello propiamente cosechado. Es, una perniciosa indulgencia que tendrías que rectificar. Quizás, te restaría tranquilidad, pero, puede que te hiciera progresar en sustancia.
Pagar, es lo de menos
Cuando cobras por un trabajo, tu esfuerzo queda compensado más o menos. Pero, el hecho de cobrarlo también te exige responsabilidad. En el hecho de cobrar va incluido el hecho de corresponder, necesariamente...
L`esquilu de los dientis
Un cuento cántabru para explicarles a los niños que pasa con sus dientes cuando se caen. Me lo ha enviado, Iván, un viejo amigo que tiene una dentadura perfecta. Esquilu, significa ardilla en cántabro. Se desconoce el origen del cuento, probablemente se lo inventó una madre para tranquilizar a su hijo cuando perdió su primer diente. En todas las partes del mundo, pero, hay un figurado personaje que representa la misma tradición, la de cambiar un diente por un pequeño regalo. En Francia, por ejemplo, se le llama la Petite sourise (pequeña sorpresa). En Italia, se le conoce como Topolino (ratoncito). En los países anglosajones se encarga Tooth Fairy (hadita de los dientes). En la mayoría de países hispanohablantes, se conoce como el Ratoncito Pérez. En Catalunya, cuando un niño deja su primer diente bajo la almohada, sabe que vendrá a recogerlo un Angelet (angelito) Y en el país vasco, dicha tarea la hace una mujer intrépida: Mari teilatukoa (Mari, la del tejado)
L`esquilu de los dientis
Bía una vegáa una ostra qu´estaba mui murnia porque bía esmanáu la su perla. La ostra contole la su endesgracia a un pulpe que s`arrastraba pol jondu la mar:
- ¿Cómu era la perla?
- Branca, dura, chica i brillanti.
El pulpe prometiole que l´audaria i marchó. Contóselo a una gaviota qu´estaba jugandu conas olas. Ésti, dijole al pulpe qu´audaría a l`amayuela i marchó volando a contalo a un esquilu qu´estaba nun árbu. Esti esquilu era mui averiguáu.
- Tién de ser angu brancu, chicu, duru i brillanti.
L´esquilu jue a escarcear puraí, pero nu alcontró náa que valiesi.
Alcuentró un butón qu´era brancu, brillanti i chicu, pero nu era mui duru, pos era pa roerlo con jacilidá conos sus dientucos.
Alcontró una piedruca branca, chica i dura, pero no brillaba.
Alcontró una monea de prata branca, dura i brillanti, pero no era chica...
L´esquilu marchó a la su casa murniu i acolecháu porqui nu bía alcontráu náa. La ca l´esquilu istaba nun juriacu de la quima d´un árbu averáu al cuartu d´un neñu. El neñu bía dejáu un dienti ena mesituca; l´esquilu violo, averóse i comprebó qu´era brancu, chicu, duru i brillanti.
En toa manera qu´apañó`l dienti de lechi i trucólo, dejó al neñu la moneda de prata. Entós golvió a escapi al sable i diole`l dienti a la gaviota. La gaviota, al pulpe, i el pulpe a la ostra; ésta púsose contentísima, pos aquel dienti de lechi era del mismu tamañu que la su perla esmanáa. Púsola nel sitiu de la perla, tapola con un pocu de nácar, i nadie era pa ver la deferiencia.
Asina, dendi entós, cuandu a un neñu cáisele un dienti de lechi, pónlo en baju la su olmáa i pola nochi l´esquilu lo lleva, dejando a trucu un dáu, onqui no tolas vegáas es una monea de prata.
Prensados
Como Zapatero está perdido ( ¿En Polonia?) y de la Vega en Argentina, me consiento poner baza, otra vez, allí donde no ponen la mano quienes seria de esperar. Ya se sabe, puedes perderte donde te dé la gana, pero, mientras estas perdido, el mundo sigue y mientras sigue, no cuenta lo que piensas, lo que dices, ni lo que haces. Y mientras sigues perdido, puede poner la mano donde debería estar la tuya, un manazas, puede hablar un bocazas y es posible que se haga cualquier chapuza en nombre de tu ausencia....
Voces
Hace días que sigo a Xavier Roig, a través del AVUI.CAT, cómo a través de vídeos y entrevistas de radio. Es Ingeniero y escritor sin sentirse inclinado al periodismo. Solo, recoge el privilegio de poder explicarse, dice. Se considera un afortunado que puede expresar su opinión en la columna de un periódico y que es, además de la suya, la que escucha en una parte muy importante de la ciudadanía que no tiene voz. Acaba de publicar su cuarto libro: La dictadura de la incompetència. En éste, intenta denunciar los males de una administración, así como expone algunos patrones que se han anquilosado sin remedio que han hecho sobrevenir en nombre de la conformidad, injusticias y despropósitos. No hay una resolución rápida, aunque la hay, según opina. Entre sus ideas, está la de hacer desaparecer un Estado gobernado por un 70% de funcionariado que además, está politizado y que es la causa de que muchas decisiones equivocadas cuelen sin ser refutadas. En otros gobiernos de Europa, opina, cómo máximo hay un 40% de estos. Otra de sus ideas, es la de no mantener al funcionariado bajo el amparo de un puesto de trabajo asegurado de por vida porque esto conlleva, en muchos casos, un apalancamiento negativo, y lo distancia así, de los problemas de cualquier otro trabajador que no depende del Estado. También plantea si es justo que una sociedad rebaje a los jubilados (débiles), por ejemplo, para repartir prestaciones de baja cota, o puestos vitalicios a los más jóvenes.
Por ejemplo, de Xavier Roig: La manta siciliana
(clicando arriba, a la derecha, en traducción, se lee en castellano)
Otra vez, de la Suerte
Opinión:
Cuando alguien afirma que la suerte no es importante, seguro que es alguien que se ha mejorado en ella y que además, cree merecerla. Nunca subestimes a la suerte. Unas veces pasa y no la distingues, otras, pasa, la adviertes y te beneficias de ella, otras, simplemente, no aparece. Somos el capricho de millares de gramos de un translúcido polvo que no sabes si te cubrirá, ni cuando viene ni cuando se irá.
Cavilación:
Hay que contar con un gramo de buena suerte hagas lo que hagas, o mejor, cuenta con que puede ni tocarte, a pesar de todo lo que hagas. Puede que considerándolo así, te equipes un poco mejor de todo lo que no dependa de la suerte y si no llega, su ausencia no haga diana en tus deseos y te venza. Necesitarás, cada día, al menos, un gramo de buena suerte para no ser despedido por un coche, o para que no se cruce alguien, inesperadamente, delante del tuyo. Necesitaras otro gramo de buena suerte para topar con un buen padre o con un buen amigo… necesitarás muchos gramos de suerte desde el momento que nazcas hasta el día en que mueras. La buena suerte la necesitamos todos, no únicamente los humanos torpes y los humanos bien afianzados, hace falta, inclusive, a los animales. Se trata, de un código que no advertimos, y del que no disponemos la clave, pero, es importante.
Pesquisa:
Los gatos del gran teatro de Mariinsky, son suertudos. Los consideran la guardia de honor que ahuyenta a ratas y ratones y por ello, están bien alimentados, cobijados, lustrosos y muy considerados. Debe haber unos setenta. Ósea, setenta gatos que además de ser buenos cazadores de ratas y ratones, gozan de muchos gramos de buena suerte. ¿Qué excelencia han cometido que los hayan hecho mejores que ese gato que cada noche, bajo tu ventana, busca entre la basura algo para comer? no es lo mismo ser vaca en una granja del Prat que serlo en Laspuña. Una, comerá pienso entre apreturas de hierro, y la otra, fresca hierba en la vereda de una montaña. Tampoco disfrutará de la misma suerte un perro abandonado en la Taksim de Estambul, que uno de los perros del Palacio de la Zarzuela.
Conclusión:
Sería muy tonto rebuscar méritos, en cualquiera de los casos, a los aventajados.
Hipótesis:
…la buena suerte, mientras se libera, no razona ni calcula su trayectoria. Es, como una lluvia de polvo cristalino que no ves ni te mira. Reflexionarla, en efecto, es asunto nuestro.
Bon día. Son las 6.45
- Ahora, que en España sobran cerebros y encantadores, es hora de atarse los machos. Por fin, una mayoría en el gobierno, ha empujado lo suficiente para conseguir una nueva ley que pretende invalidar la existente, que llegó con una intención y se desnaturalizó hasta que los futbolistas y otros, se aferraron a ella. Una emisora anuncia: Los futbolistas extranjeros pagaran los mismo que el resto de españoles a misma condición de ingresos (ojo, no retroactiva), el 43%. (llega tarde y contenida) Hacía falta sumergirse en una profunda crisis para verlo. Hacía falta que la masa amenazara con plantarse, con hundirse, o con una borrasca mayor. Tenemos a la vista pues, no solo ejempladizadoras puestas en escena que nos enseñan lo duro que es ir enmanillado, tener 70 años, y que, supuestamente, no hay más margen para trampas y astucias para hacer rodar la moto, veremos también, al universo del futbol, HACIENDO HUELGA. ¿Os lo imagináis? No hace falta, pronto se verá. Oiremos cientos de argumentos a favor y en contra, asistiremos a un buen juego en directo y sobre todo, veremos uñas salir que nos querrán mostrar los distintos peligros que esta ley nos factura, que a muchos les harán, hasta dudar. Solo quiero decir, que a veces, levantarte a las seis de la mañana y poner la radio, es un placer. Que siempre me ha caído bien el 43. Y solo quiero advertir que puede ser aconsejable, en los próximos días, colocarse unos potentes auriculares e intentar ver el espectáculo que se avecina, sin sonido. No hacerlo, puede significar una futura ulcera estomacal o una ofensa para los nervios. Y también, un encogimiento ajeno que vale la pena, si lo tienes claro, ahorrarte.
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